8. Patrimonio

  • Proteger y cuidar el patrimonio y la identidad santanderinas.
  • Renovar el catálogo histórico para poner en valor espacios físicos emblemáticos.
  • Visibilidad y recuerdo para elementos inmateriales como los raqueros, las rederas, las sardineras…
  • Aplicación completa de la Ley de Memoria Histórica.

Santander no puede permitirse continuar perdiendo patrimonio. Desaparición de boleras, de murallas de siglos de antigüedad, de plazas emblemáticas… movimientos que tienden hacia la despersonalización y la pérdida de identidad de una ciudad que, además, se traducen en un empobrecimiento también económico. Las prácticas del equipo municipal de dejar caer en el abandono, en la ruina o directamente, edificar encima del patrimonio de la capital, no esconden más que un enfermizo intento de restar personalidad a la ciudad por parte de quienes ven en la diversidad y la identidad un problema.

Un ejemplo de esto es la última actuación que ha realizado el Ayuntamiento en la Plaza de Italia. Este punto de encuentro de Santander, tradicionalmente diseñado en estilo Belle Époque y bien conservado, ha sido sustituido por un diseño sin encaje en el entorno, ampliando la zona mediante un embaldosado y hormigonado sin mayor atractivo. El resultado es la desaparición de un espacio que ya estaba interiorizado en el imaginario colectivo de la ciudad y que formaba parte de ella.

En Cantabristas creemos que este tipo de acciones se están realizando de forma consciente y premeditada, bajo la voluntad de restar o eliminar espacios, construcciones y lugares que denotaran personalidad propia por otros que el equipo del gobierno considera modernos y llamativos para el turismo. Por eso, proponemos revertir esta dinámica y renovar el catálogo histórico de la ciudad para buscar, capturar y proteger los espacios físicos emblemáticos que sean susceptibles de pertenecer al patrimonio social y cultural de la historia de la ciudad (como puede ser la protección de edificios concretos o la preservación de la peculiar configuración del Barrio Pesquero), para defender nuestra identidad y planificar una Santander para sus habitantes, en lugar de para el turismo.

Así mismo, la Memoria Histórica merece una mención especial, entendiendo esta desde una concepción que va más allá del periodo de la Guerra Civil y la dictadura, e incluye la vida e historias de las mayorías que han habitado esta ciudad desde siempre. Así, por ejemplo, la visibilización y recuerdo de los raqueros, las rederas y las sardineras, forman parte de nuestra memoria. En el campo concreto de la guerra, reivindicamos los principios de la verdad, la justicia y la reparación, concretados en la exhumación e identificación de los represaliados que yacen en la fosa común de Ciriego, la aplicación completa de la Ley de Memoria Histórica retirando todo monumento o nombre franquista del callejero, y la adhesión de Santander a la Red de Ciudades por la Memoria y la Justicia. A la hora de la elección den nombres nuevos para el callejero en los casos oportunos (ya que apostamos por recuperar los nombres históricos y tradicionales de las calles), respaldamos un enfoque de género para visibilizar a las mujeres vinculadas a esta ciudad y especialmente a las que sufrieron la represión de la guerra o la dictadura.

Finalmente, proponemos restaurar en algún lugar de la vía pública el escudo republicano ubicado en el ayuntamiento hasta 2006, dado que es patrimonio histórico de la ciudad y no incumple la Ley de Memoria. Además, con el fin de hacer pedagogía sobre nuestra historia, nos parece de gran utilidad divulgar a través de placas los nombres que tuvo el callejero en el pasado, tanto durante la etapa republicana como la fascista, con el fin de transmitir la historia concreta de la ciudad y las diferentes cosmovisiones que la han atravesado.